Luis Antonio Sámano
Hace algunos días, me plantee la pregunta con que titulo el presente artículo, por lo que después de reflexionar al respecto, obtuve algunas conclusiones, mismas que desarrollaré a continuación.
En últimas fechas se habla con orgullo de los 112 millones de mexicanos que habitamos el territorio nacional, como si el hecho de señalar un crecimiento cuantitativo, fuera consecuencia necesaria para obtener un crecimiento cualitativo, situación que considero ampliamente confusa.
Formalmente no me incluyo entre las personas que piensan que votar garantiza la democracia en un Estado o Nación, pero considero que a falta de otros mecanismos de participación ciudadana, puede servir para legitimar el triunfo de candidatos, así como referencia para evaluar la aceptación o desconfianza en los políticos o en los partidos a los que pertenecen.
Haciendo un poco de memoria, habremos de recordar que la elección federal de 2006 se efectúo con el registro del 58% de la población, de los cuales el 35.89% favoreció al actual Presidente, en una elección bastante cerrada.
Otra referencia importante, es la elección del año 2009, en la que se contó con 77 millones de mexicanos registrados, de los cuales solo votó el 44%, es decir, solo ejerció su derecho poco menos de la mitad de los ciudadanos registrados en el padrón electoral. Con este dato quiero agregar que el abstencionismo si denota decepción, pero no genera un cambio social y si por el contrario da lugar a que quede por encima el voto inducido, sobre el voto del ciudadano libre.
Ahora bien, ¿a qué factor atiende la falta de participación de los ciudadanos en los procesos electorales? Esta sin duda puede ser una interrogante con varias respuestas, tomando en cuenta que:
- Los políticos sirven principalmente a los intereses de sus partidos, a sus grupos o tribus internas y a sus intereses personales.
- Los funcionarios le deben el favor al jefe que los designó en el puesto que ocupan y no necesariamente al pueblo, en quien originalmente radica el poder público.
- Los líderes sindicales ven por sus intereses personales y ocasionalmente por el de sus agremiados.
- Los medios de comunicación, ven en su actividad un negocio como cualquier otro y cuidan su permanencia a través de la viabilidad financiera que les proveen los anunciantes.
- Las asociaciones civiles no abogan por aquellos ciudadanos que no forman parte de su causa, sino por los objetivos que éstos consideran prioritarios.
- Los empresarios, ven por sus empresas.
Una vez analizados algunos de los principales objetivos de los grupos de poder más representativos de nuestro país, me convenzo de otro factor poco analizado, que es la participación ordenada e informada de la ciudadanía de manera permanente, ante la falta de representación plural y equitativa. En este supuesto, estaremos hablando de que nosotros, los ciudadanos que quedamos fuera de cualquiera de los grupos anteriormente señalados, no estamos haciendo nuestra parte y estamos dejando el control político del país a personas que solo tienen el interés en nosotros un día, el día de la elección y nos olvidan 3 o hasta 6 años, dependiendo del tiempo que dure el encargo popular.
La idea que planteo, pretende de manera respetuosa, hacer un llamado a los ciudadanos que como yo, quieren que este país cambie para bien y que su progreso no dependa de suertes o buenas voluntades derivadas de alianzas de grupos políticos con intereses poco claros u obscuros, sino de ciudadanos libres que participen, que se involucren en los asuntos públicos, que pidan cuentas del mandato que se les delega y hagan público su descontento a través de las herramientas a su alcance.
Para concluir, quisiera poner de manifiesto que la falta de leyes y mecanismos que faciliten la participación ciudadana no limitan su actividad, ni la hacen ilegal, siempre que sea hecha de manera respetuosa y sin que cause daños a terceros. El hecho de que no existan, obedece principalmente a la falta de presión social sobre las personas que toman las decisiones y no a la falta de imaginación de los políticos, no olvidemos que la costumbre también es una fuente del derecho y en la medida en que hagamos de nuestra constante participación un hábito, habremos de hacer camino para la construcción de sociedades más libres, equitativas y justas.
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